El mes de septiembre reúne tres celebraciones importantes para la Familia Vicenciana: hace dos días celebrábamos el recuerdo del beato Ozanam, el 27 de septiembre se celebrará la fiesta de san Vicente de Paúl y hoy, 11 de septiembre, la fiesta del mártir san Juan Gabriel Perboyre, sacerdote paúl.
Puedes descargar una biografía más amplia de este enlace: Biografía del santo Juan Gabriel Perboyre, escrita por Jean-Yves Ducourneau, C.M.
Juan Gabriel Perboyre nació en Puech de Montgesty (Lot) el 5 de enero de 1802. Es el mayor de ocho hijos del matrimonio formado por Pedro Perboyre y María Rigal. La familia vivía del trabajo de la granja y este trabajo da sus frutos. Fue educado en una sólida fe católica.
Juan Gabriel tenía un tío, hermano de su padre, sacerdote de la Congregación de la Misión, Santiago Perboyre. Toda la familia estaba orgullosa de él.
Santiago estaba destinado en el Seminario de Montauban, al cargo de los Padres Paúles, para la formación de los futuros sacerdotes. La influencia que Santiago ejerce en su familia es inmensa. Recibirá, en esa pequeña pensión de Montouban 18 de sus sobrinos y primos, de los que varios llegarán al sacerdocio.
Luis, el hermano más pequeño de Juan Gabriel, fue enviado al Seminario a estudiar en 1816 y Juan Gabriel fue con él para acompañarle sólo durante los meses de invierno, a la vez que él también estudiaba. En la primavera, cuando Juan Gabriel ya debía regresar a su casa, en su discernimiento vocacional llegó a la decisión de que deseaba ser sacerdote.
El 15 de diciembre de 1818 Juan Gabriel fue recibido en la Congregación de la Misión en Montauban. El 23 de Septiembre de 1825 fue ordenado sacerdote por Monseñor William Dubourg, obispo de Montauban en la capilla de la rue du Bac en Paris.
Después de una estancia como profesor de teología y director del colegio, es llamado a París para desempeñar la función de Director del Seminario Interno de la Congregación de la Misión. Pero Juan Gabriel desea ardientemente partir para la misión de China.
En 1835 partió para Macao. Durante cuatro meses se aplicó al estudio del idioma chino, en el que alcanzó sorprendentes progresos con rapidez. Tuvo que disfrazarse y vestir a la usanza de los naturales del país; se hizo rapar la cabeza y se dejó crecer la coleta y los bigotes.
Le destinaron la misión de Honán. En el ejercicio de esta actividad se dedicó preferentemente a la salvación de los niños abandonados, de los que había gran número; los recogía, los alimentaba y educaba, instruyéndolos como podía en la doctrina. Viajaba a pie, a veces en lentos carros tirados por bueyes. Muchas veces se quedó sin comer, pasando las noches al descubierto, padeciendo el frío, el viento y la lluvia que lo calaba hasta los huesos; pero siempre con alegría, respirando el aire de la libertad, de la vocación conseguida y realizada, con la sangre ardiendo en el sacrificio y en la fe.
Dos años después fue enviado a la provincia de Hupeh, que sería el lugar de su martirio. En el año 1839 había irrumpido un violento brote de persecución. Por orden del gobernador la misión fue ocupada por las tropas. Los padres lazaristas que lograron escapar anduvieron errantes al sur del Yang-Tse Kiang, por los montes y las plantaciones de té y algodón. Deshecho de cansancio, Juan Gabriel Perboyre se detuvo en una choza, ocupada por un chino convertido que lo recibió con amabilidad. Mientras nuestro santo dormía, aquél lo delató a un mandarín, recibiendo en pago treinta monedas de plata. De aquí en más, el padre Perboyre recorrió un itinerario de sufrimientos. Fue llevado interminablemente de tribunal en tribunal, siendo azotado, escarnecido y torturado, puesto en prisión junto a malhechores comunes; con hierros candentes grabaron en su rostro caracteres chinos, pero fracasaron al querer que pisoteara un crucifijo.
Al año de ser capturado se dio fin a su martirio, en la capital, Wuchangfú, ahorcándolo en un madero con forma de cruz, el 11 de septiembre de 1840, junto con el padre Francisco Regis Clet, lazarista como él, después también beatificado.
Fue beatificado el 10 noviembre de 1889, y canonizado por Juan Pablo II el 2 de junio de 1996.
Su cuerpo fue trasladado a san Lázaro, Casa Madre de la Congregación de la Misión en París, veinte años después de su muerte en cuya capilla es venerado.
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