Algunos jóvenes se inician en el consumo de alcohol la noche de San Juan, que supone el arranque de las fiestas veraniegas en distintos pueblos del País Vasco. Coincide además la noche del 23 de junio con el final del curso y suele estar bendecida por el buen tiempo. Circunstancias todas que animan a la celebración, y a algunos al descontrol.
Cinco jóvenes de 14 a 19 años ingresaron durante la ’sanjuanada’ en Urgencias del hospital de Cruces con intoxicaciones etílicas; en cuatro de los casos, «severas», según explicó ayer el jefe de la unidad, Gabriel Gutiérrez. Al responsable médico le llamó especialmente la atención «por lo jóvenes que eran». Dos tenían 14 años; otros dos, 16; y una, 19. Tres eran chicas, dos varones. Y, salvo uno, todos llegaron al hospital con un nivel de conciencia tan reducido que eran incapaces de hablar. Presentaban un grado de alcohol en sangre muy elevado. Los test de tóxicos a los que fueron sometidos tres de los afectados para detectar el consumo de alguna sustancia estupefaciente dieron negativo, según indicó el especialista.
La mayoría procedían de las playas, especialmente de Arrigunaga, en Getxo, donde se celebró un macrobotellón, y de Gorliz. También fueron trasladados al hospital otros jóvenes por traumatismos debido a caídas, que requirieron intervenciones quirúrgicas, o por cortes.
La DYA evacuó a otros dos chicos heridos, uno por una agresión con arma blanca y otro por una pelea. Se batió el «récord de salidas en una noche de entresemana», con 29 asistencias, de las cuales cinco fueron por intoxicación alcohólica, según explicó el doctor Juan Antonio Usparitza. Atendieron también un etilismo simple que no requirió traslado.
Cuando un menor llega a Cruces ebrio, el centro avisa «obligatoriamente» a los padres.
En las reacciones de los padres «hay de todo», señala Gutiérrez. «Algunos responden bien y no se ponen agresivos con el chaval. Otros no tan bien, aunque es raro que monten follones aquí». El responsable de Urgencias cree que ante un caso así los progenitores «deberían hablar seriamente con sus hijos».
El foco del problema se centró en Arrigunaga, donde, junto a la tradicional quema de la hoguera, se había convocado de forma espontánea un macrobotellón. Cientos de jóvenes -entre 10.000 y 12.000, según la Policía Local-, con bolsas llenas de botellas con kalimotxo y otras mezclas alcohólicas, bebieron de forma compulsiva. Se citaron en la playa getxotarra a través de las redes sociales de internet -Twitter y Tuenti- o mediante ’sms’.
«El 60% de los asistentes eran muy jóvenes y celebraban que han acabado las clases; el 40% restante tenía más de 20 años», explicaba ayer un responsable del dispositivo especial que establecen desde hace tres años Policía Local y la Ertzaintza. «El año pasado fue más problemático porque hubo sirimiri y los chavales no bajaron a la arena, se concentraron arriba y generaron molestias a los vecinos».
NOTAS de MITXEL
1) Volvía el martes pasado de Sestao. Suelo ir cada quince días al Colegio de La Salle para concelebrar la Eucaristía con los Hermanos. Tras la celebración me suelo quedare a cenar con ellos. Me siento muy a gusto. Me enseñan un poco cada día de su ser, de su saber y de su saber hacer. Digo que volvía en el metro y al salir en Bagatza me encontré con algunos alumnos (más bien “ex” porque han finalizado su Bachillerato) que se iban a la “playa”. La verdad es que no denoté fuesen cargados con ninguna bolsa. Sé que algunos y algunas volvieron a las cinco o a las siete de la mañana. Deduzco que estarían entre los 10.000 jóvenes de los que habla el articulito. También sé de una jovencita “cabreada” porque no la dejaron ir al “festorrio”.
2) Esta mañana, cuando he leído el artículo, me he preguntado por la responsabilidad personal y familiar ante este tipo de hechos. Por la responsabilidad de los “amigos”. Es evidente que “todos” los participantes tienen, en mayor o menor grado, su parte de responsabilidad. Los mayores de edad, “total”; los menores, en gran medida. Sobre éstos la “familiar” es total. La de los “amigos” muy importante. Me sorprende el “escaqueo” familiar. ¿Es que las familias de los menores no saben dónde están sus hijos e hijas?…. ¿Es que estas familias no saben a qué van?… Divertirse no es sino un expresión hueca cuyos contenidos son “beber” y “sexuar”. Porque estos son los objetivos concretos de la gran mayoría de estos festejos fuera de sentido.
3) Estoy convencido de que la fiesta es parte de la vida tanto privada como pública. Fiestas han existido desde que se conocen los primeros vestigios humanos, tanto con motivo de celebrar algún evento como para, simplemente, divertirse. Y lo han hecho todo tipo de grupos sociales. Más aún, si las fiestas no existiesen habría que inventarlas. Las hay que afectan a múltiples facetas de la vida humana: sociales, religiosas, naturales, mágicas…. Nadie se escandaliza por la existencia de una fiesta o porque se vaya de fiesta. Nadie se perturba porque en días de “fiesta” existan determinados excesos.
4) Mentiría si dijera que jamás han existido fiestas en las que el único objetivo fuese el “beber” y el “sexuar”. En el mundo griego y romano ya se organizaban las llamadas “bacanales”, fiestas en honor a Baco o Dioniso, en las que se bebía sin medida y, hay que suponer, que se dedicaban a todo lo que, en general, viene a continuación. Los esfuerzos del Senado romano por devolverles el sentido religioso no consiguieron sino aminorar las consecuencias de tales festorrios. Hoy día sigue existiendo el término “bacanal” como sinónimo de orgía con mucho tumulto y desorden.
5) En nuestros días sorprenden varias cosas. Dos son las más llamativas. En primer lugar, la indiscriminación de edades. En estas orgías nadie se preocupa de la edad del vecino. Combeben adolescentes y jóvenes con una complicidad un tanto asombrosa. En tiempos no muy lejanos esto sería inconcebible. De hecho, salvo en estas orgías, no lo hacen. En segundo lugar, el volumen de litros de alcohol que trasiegan. Me extraña que a nadie se le haya ocurrido llevar una cisterna rodante con cientos de mangueritas. Sería todo un espectáculo ver a la “piara juvenil” mamando de la “teta calimochera”. Verdad es que una minoría de los asistentes no prueban el alcohol. Son aquellos a quienes ha tocado (normalmente por sorteo) devolver a casa a los descerebrados. Me pregunto si esto no estará comprendido en el acoso y malos tratos….
6) Por último: además de las consecuencias a las que hace referencia el texto (atenciones sanitarias muy graves) debemos señalar: espacios arrasados, mierda hasta en las orejas, comportamientos incívicos, miles de horas extra para los servicios de limpieza, alteraciones del orden público, demolición de mobiliario urbano, accidentes de tráfico, altercados y agresiones, apropiación indebida de espacios comunales, … Sin duda que podemos incluir bastantes cosas más… En las fiestas siempre se han cometido excesos por efecto del abuso del alcohol; hoy día, estos adolescentes y jóvenes, incapaces de salir a la calle en defensa de causas justas, tienen que emborracharse para hacerse notar. ¡Pena de tsunami!
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