Tomado de Periodista Digital. Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger
El presidente del Gobierno, D. José Luis Rodríguez Zapatero, declaró hace unos días que el Ejecutivo llevará al Parlamento la reforma de la Ley del Aborto “en los términos que ya son conocidos”; y añadió que la nueva ley será “una ley con más garantías para las mujeres y más prevención frente a los embarazos no deseados”.
Supongo que la palabra “garantía”, usada en ese contexto, significa “cosa que ofrece seguridad o protección” a las mujeres; y que la palabra “prevención” indica “precaución que se toma para evitar un riesgo” o proximidad de daño para ellas.
Garantías y prevención: palabras llenas de promesas, y, sin embargo, yo sólo he sentido amargura en el alma al escucharlas.
No entiendo cómo el aborto puede ser considerado una forma de prevención de embarazos: ¡Será cosa de lógica política!
Se nos ha dicho que la ley quiere ofrecer protección a las mujeres, pero no se dice de quién o de qué se las quiere proteger. Yo espero, deseo y pido que leyes civiles y actitudes personales defiendan a la mujer contra la explotación sexual, la amparen contra la violencia del más fuerte, la protejan contra la desigualdad en oportunidades y derechos.
Temo, sin embargo, que el legislador escatime de hecho a la mujer esas garantías debidas y necesarias, y la distraiga con la ilusión de defenderla contra sus propios hijos. Porque de ellos se trata, de los hijos, aunque para engatusar y distraer la atención escondamos la palabra «hijo» en la chistera de los “embarazos no deseados”.
No se engañe, señor presidente: las mujeres no le han pedido protección contra sus hijos, y mucho menos que las ayude a deshacerse de sus hijos. Piden ayuda para tenerlos, para crecerlos dignamente, para educarlos, para amarlos. No las ponga en el camino de recordar con lágrimas al hijo que hubieran arrullado con ternura y crecido con orgullo.
NOTAS de MITXEL
1) No conozco (tampoco voy a hacer nada por intentarlo) al sr. Arzobispo de Tánger. Por el simple hecho de serlo está bastante mejor formado que la inmensa mayoría de la “modernity” y, sin dudarlo, que la mayor parte de los políticos que nos arrastran como borregos por donde les viene en gana. Sé que afirmar esto no es políticamente correcto pero es una verdad como un templo. Hora va siendo que, en cuanto a formación recibida, se ponga a cada uno en su sitio. No es de recibo que, por lo que veo y oigo estos días, cualquier “tertuliano” de un “pásalo” cualquiera se atreva, sin ningún rubor, a pontificar sobre el bien y el mal comparando sus “formadas” opiniones con las de los “obispos” (sic). Una cosa es la “libertad de expresión” y otra la “libertad de hacer el ridículo” aunque, por lo visto, esta última cuestión importa muy poco al personal.
2) Las siempre reposadas (que no melifluas) declaraciones del sr. Presidente del Gobierno conllevan la respuesta de don Santiago. Coincido con este último en que, cada vez que hablamos de “aborto” (sin más), siento una profunda amargura. Tampoco entiendo cómo el aborto puede ser considerado una forma de prevención de embarazos. Don Santiago dice que “será de lógica política”; yo pienso que sólo es “cuestión de negocio político”. En otras palabras, dar satisfacción a determinados colectivos minoritarios que, al final, pasan las facturas en forma de “votos electorales” para ¡vete a saber qué causa!
3) Me parece truculento el hecho de que la “mujer” entienda un embarazo como una agresión de la que debe ser protegida. Y, más que truculenta, la solución que se propone: eliminar al no nacido. Me parece más que evidente el hecho de que el no nacido no tiene ninguna responsabilidad sobre la situación. Por tanto, la solución al problema (que no tengo duda existe) deberá ir por otro camino en el que la asunción de responsabilidades y la prevención no deben eliminarse. Por desgracia, en muy pocas ocasiones se hace mención a la responsabilidad; más aún, la incitación a mantener todo tipo de relaciones es lo más habitual. Todo se resuelve “a posteriori”: tome la píldora del “día después” o recurra al “aborto”.
4) “No se engañe, señor presidente: las mujeres no le han pedido protección contra sus hijos, y mucho menos que las ayude a deshacerse de sus hijos. Piden ayuda para tenerlos, para crecerlos dignamente, para educarlos, para amarlos. No las ponga en el camino de recordar con lágrimas al hijo que hubieran arrullado con ternura y crecido con orgullo”. Sin duda que son unas magníficas palabras. No dude, sr. Arzobispo, que la modernity femenina (bastante más vociferante que la masculina) le mandará a la mierda pero ahí quedan para quien desee reflexionar un mínimo con ojos limpios y alejados de la demagogia barata que pulula por doquier. Me rebelo (e invito a sumarse a esta rebelión) a pertenecer a una generación que pasará a la Historia caracterizada por la eliminación brutal de los no nacidos.
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