Tomado de ABC. JESÚS HIGUERAS.
Podría parecer que el Papa Benedicto XVI se «ha subido al tren de la ecología» cuando en su mensaje del primer día del nuevo año propone como lema «si quieres cultivar la paz, protege la naturaleza». Pero es ésta una percepción equívoca, pues la Iglesia siempre ha visto la naturaleza y la creación como la expresión de la belleza y de la bondad del Dios de la paz. Y al ser humano como culminación de su obra creadora.
Por eso el Papa habla de una responsabilidad ecológica basada en el respeto del hombre y de sus derechos y deberes fundamentales. Si no comenzamos por respetar la dignidad de todo ser humano, especialmente de los más pobres, los más débiles e indefensos y ponemos los bienes de la creación al servicio del bien común de toda la humanidad y no sólo de unos pocos países privilegiados económicamente, pronto surgen las diferencias, las injusticias, los sufrimientos y las desigualdades, que provocan las guerras que tienen su origen en la envidia y en el afán de codicia, que anidan en nuestro corazón herido por el pecado original.
Jesús vino al mundo a traer la paz, pero esta paz que todos deseamos comienza en el corazón de cada ser humano, que debe respetarse como tal y respetar a los demás. La paz es el fruto de la justicia, y es justo que los bienes que Dios ha regalado al hombre lleguen a todos los seres humanos.
Pero esta doctrina no es nueva en la Iglesia. Ya las primeras comunidades cristianas compartían incondicionalmente todo cuanto poseían para ponerlo a disposición de los más desfavorecidos. Cuidemos la creación, es decir, respetemos el plan original de Dios para el hombre, manifestado de un modo pleno en Cristo Jesús, y conseguiremos llevar la paz a todos los rincones de la tierra.
La ecología no es un invento nuevo, es expresión del respeto a la obra de un Dios que ha hecho todo por amor.
NOTAS de MITXEL
1) Estoy estos días digitalizando las muchas diapositivas que conservo de mis años de “currante campamental”. Cerca de treinta años en la brecha. Años de “noviciado” en Carrión de los Condes, Urretxu, Ibarra… Años de asentamiento en la finca de “Manolo” de Pineda de la Sierra… Apogeo en el nuevo albergue y los campamentos “volantes” o “semivolantes”… ¿Hay rincón de la Demanda que no recorrimos?… Torruco, Conchas, Urrez, Riocavado, Tenadas de Casasierra, Manquillo, Barbadillo, etc…. Como casi todas las cosas “todo tiene un fin”… ¡Quizá no fue el esperado pero allí quedó!
2) En el ya lejano 1977 comenzamos la entonces llamada “Experiencia Edelweiss” que duró la friolera de cinco años. Allí marcamos unos Objetivos que se mantuvieron hasta el año 2000. Quedaron sintetizados en Dios, Naturaleza y Convivencia. Era nuestra forma de plasmar el Ideario Campamental “4R” al que pertenecían nuestros turnos. Un intento de acercar al Dios de Jesucristo a través del entorno y de las personas. Nada tiene de extraño que, revisando las Programaciones, hiciésemos especial hincapié en el “caminar” y en las “dinámicas de grupo”.
3) No fueron principios teóricos aunque puedo asegurar que costó “Dios y ayuda” el configurarlos. Fueron tres o cuatro largas reuniones en Murguía y Güeñes donde nos clarificamos. Javier, Mila, Pablo, Luis, Puri, Arantza, LuzMaría y un servidor. Todos habíamos trabajado en otros grupos de “4R”. Unos “objetivos” y un “equipo permanente” fueron los puntos iniciales. Cada uno aportó su visión, su vida, su experiencia. Vinieron luego otras experiencias inolvidables como Champaca, Serbal, Retama, Hayedo… Experiencias en las que los “equipos” fueron mayoritariamente configurados por jóvenes que habían vivido experiencias anteriores y se habían formado en la Escuela JUMAVI…
4) La Historia de la Iglesia, la larga Historia de la Iglesia, tiene muchos momentos de oscuridad. ¡Indudable! Junto a ellos otros en los que ha brillado con luz propia. Los relatos de la Creación (al margen de contextualizaciones) son todo un compendio de una cosmogonía en la que la divinidad no sólo “crea” sino que se implica en la “conservación” de lo creado. “Creced, multiplicaos y guardad la tierra”. Desgraciadamente los “planes de Dios” no siempre coinciden con los de la “humanidad”. Y, en relación a la Naturaleza, no vivimos momentos positivos.
5) Es muy fácil achacar lo “males” a las grandes potencias, al G15, a las multinacionales…. Es muy fácil hablar de “capas de Ozono”, de “agujeros negros”… Es fácil organizar “movidas mediáticas”, “manifas antiglobalización”… El gran mal de nuestra cultura Occidental está en la despersonalización de las responsabilidades. ¡Todos echamos la culpa al inmediatamente superior!…. ¡Nuestra casa hecha una pocilga y pretendemos endilgarle la responsabilidad al vecino!… La toma de conciencia debe comenzar en la persona…. Debe comenzar por el conocimiento del entorno, por la experiencia del entorno… Sólo desde aquí…. podemos comprender la Naturaleza, podemos sentirnos en la Naturaleza, podemos amar la Naturaleza…
6) Muchas veces oí, en mis tiempos campamentales, la misma frase cuando iniciábamos una marcha: “¿subir para bajar?”… Llegados a la cima (no sin dificultades) solía cambiar el dicho: “¿Por qué no nos quedamos”?… De vuelta al albergue oía: “¿Cuándo volvemos”? Sentirnos Naturaleza, descubrir a Dios en ella no es cuestión de grandes principios; no es cuestión que podamos esperar de grandes decisiones ni de grandes “palabreros” (se llamen Obama o Benedicto)…. ¡Es cuestión de cada uno!…
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