“Las primeras estimaciones señalan que en Petit Goave han fallecido más 500 personas y hay más de 2.500 heridas como consecuencia directa del terremoto. La mitad de sus más de 50.000 habitantes están hoy sin hogar, viviendo en la calle o campamentos improvisados, lo cual aumenta el riesgo de epidemias o infecciones. No hay electricidad ni infraestructura para el suministro de agua potable”, subrayó la ministra.
Chacón detalló que en los seis días transcurridos desde que llegó allí el buque Castilla -el pasado 4 de febrero-, el personal médico militar ha atendido a más de 350 personas, y dos de ellas requirieron intervención quirúrgica.
En esta línea, añadió que los ingenieros zapadores han desescombrado un área equivalente a 3.000 metros cuadrados, con más de 200 toneladas de desescombro, y se ha iniciado la limpieza de las principales vías de comunicación. Añadió que tras la instalación de la primera planta potabilizadora en el muelle de la población, ayer “se inició distribución de agua entre la población”.
La ministra recordó que aparte del despliegue de esta agrupación técnica, previamente fue enviado a Haití un contingente de la Unidad Militar de Emergencias (UME) para ayudar a la búsqueda de supervivientes bajo los escombros y recuperación de cadáveres.
Así, concretó que el coste de ambas operaciones -UME y buque Castilla- supondrá un desembolso total previsto cercano a los 18,8 millones de euros. De esta cantidad, unos 550.000 euros corresponden al despliegue de la UME, y los 18,2 restantes a la Operación Hispaniola.
“La colaboración de las FAS ha sido clave para organizar las iniciativas de la sociedad civil y organismos gubernamentales. Desde Torrejón han tenido lugar 14 vuelos hasta ahora, 8 militares y 6 civiles, que han transportado 144 toneladas de material médico, sanitario y de ayuda humanitaria”, recalcó.
NOTAS de MITXEL
1) Vaya, en primer lugar, mi admiración por cuantas personas colaboran en la reconstrucción de Haití. No ocupan, sin embargo, el primer lugar, dentro de mis admirados, los “profesionales”. Sean militares o sean civiles. En definitiva cobran un sueldo por ello. Repito sean “militares” o sean “civiles” atrapadineros de algunas ONGs y viviendo (con todo el derecho) de las propias ayudas que llegan al devastado país.
2) Lejos de mí escandalizarme por el “coste” de la operación militar española. Seguramente lo que van a hacer no es cosa de “voluntarios”. Me pregunto, no obstante, si no puede haber “militares sin fronteras”. En otras palabras, que dejasen parte de los 18,8 millones para intervenciones directas. Guste o no el oírlo, la cantidad es muy significativa para muchas pequeñas obras que son ya necesarias.
3) Mucho me temo que las grandes cantidades van a parar a grandes obras que, de una u otra manera, rentabilizarán al país “donante”. De momento ya hay tortas por ver quién ocupa lugar privilegiado en el “ranking” de ayudas o presencias o anuncios de intervenciones. Ya hay problemas con permisos de desembarcos. Ya hay imposiciones sobre el color que deben llevar los “transportes” de la Guardia Civil. Quiero suponer que las ayudas anónimas que se realizan a través de entidades bancarias no vayan, en forma de préstamos, a cubrir los 18,8 millones de euros.
4) Por último. Si los “profesionales” ocupan el último de los lugares en la lista de mis admirados cooperantes, no hay que ser muy listo (no estar en Bachillerato) para deducir quién es el primero. ¡Lo han acertado!: los misioneros y misioneras de cualquier condición que llevan allí años de presencia, olvidados de todos menos de sus Instituciones, dándolo todo… ¡incluso la vida!… en estas tragedias. Estoy convencido de que vale más un solo misionero que un blindado batallón. Por una simple razón: la entrega de una vida a favor de los demás siempre es más fecunda que la ayuda momentánea. Por otra parte, es lo más efectivo.
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