Sanidad ultima un Plan para reducir el consumo de alcohol en menores de edad, después de que las últimas encuestas revelaran un descenso en el consumo de otras drogas –cocaína y éxtasis–, pero un aumento de las borracheras entre los más jóvenes. El plan será presentado «a finales de marzo o principios de abril» a la Comisión Interautonómica para su aprobación, según anunció ayer la ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez.
No se trata de endurecer la ley, sino que la estrategia se fundamenta en la educación que se da en las familias, aunque también pretende trabajar directamente con los centros educadores. Jiménez insistió en la importancia de que «se trabaje con las familias, las asociaciones de padres y madres, porque son ellos los agentes principales para prevenir el consumo de alcohol en edades tempranas, y para que conozcan lo que supone para sus hijos», explicó tras la Conferencia Sectorial sobre Drogas celebrada ayer. El Plan se financiará con parte de los 28 millones de euros transferidos ayer a las comunidades autónomas para planes de drogas.
Aumenta el consumo
La decisión de poner en marcha un plan de prevención del consumo de alcohol en menores se produce tras analizar los diferentes indicadores sobre el consumo de drogas en España: datos de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas desde 2006 y la Encuesta Escolares 2008; en ambos casos, se observa no obstante una disminución del consumo de cocaína, éxtasis, inhalables volátiles, anfetaminas y alucinógenos, y una estabilización del consumo de alcohol, tabaco y cannabis. Sin embargo, aumentó el consumo de bebidas alcohólicas durante los fines de semana entre los escolares. En este sentido, la proporción de escolares que dicen haberse dado un «atracón» de alcohol más de cuatro días en el último mes ha aumentado casi seis puntos desde el año 2006.
En cuanto a un endurecimiento normativo, Jiménez se mostró tajante al señalar que «existe una prohibición legal de vender alcohol a menores de 18 años, y eso hay que conseguir que se cumpla, pero, hay que hacer un esfuerzo social, para que los jóvenes perciban el riesgo de consumir alcohol en edades tempranas», añadió.
Objetivos
- El Plan para reducir el consumo de alcohol en menores tratará de concienciar sobre los riesgos del alcohol a los jóvenes.
- La intención no es prohibir, sino educar para evitar los «atracones» de alcohol a los que suelen someterse los estudiantes los fines de semana.
- La estrategia estará lista en abril y se financiará con parte de los 28 millones de euros que Sanidad transfiere a las comunidades autónomas para planes de drogas. Reforzará las actuaciones autonómicas.
NOTAS de MITXEL
1) Tratar el tema del alcoholismo no es sencillo. Parece, en principio, que se refiere a la ingesta excesiva de alcohol. Bien es verdad que el “exceso” siempre tiene un gran índice de relatividad. ¿Dónde está el límite entre lo aceptable y lo excesivo? No hace muchos años una jovencita me decía que ella “controlaba”. Se refería a que ella era capaz de moverse en el “filo de la navaja”. ¿Es posible? Por lo que veo y oigo desde mi balcón cada madrugada del sábado la cosa no debe ser tan sencilla. Al menos, la mayoría no da muestras de ello.
2) El alcohol, en todos nuestros pueblos, ha sido (y sigue siendo) un elemento más de la vida. La existencia en las casas de vino y licores se da por sobreentendido. Su consumo (cuando no su producción) es habitual. Salir a “tomar algo” o “ir de copas” es intrínseco a los comportamientos sociales. Los bares son una pieza más de la trama urbana. Ver a personas “como una cuba” no sorprende absolutamente a nadie. Llevar a un jovencito o jovencita al Hospital a punto de palmarla por una pasada alcohólica se ha convertido en una rutina semanal.
3) En las sociedades rurales el consumo de alcohol paliaba, en gran medida, la escasez alimentaria. Bien recuerdo de mis años adolecentes la existencia de los “oficiales borrachos” del pueblo. Eran parte del “paisaje de las tardes del domingo”. Bien recuerdo de mis años juveniles la existencia de los “zurracapotes” donde, en torno a un hermoso recipiente, más o menos “cargado”, se desgranaban las horas de los días de las fiestas patronales. Bien recuerdo de las costumbres domingueras del personal masculino adulto: misa, poteo, comida y café.
4) A pesar de todo, había un límite social difícil de traspasar: la edad. El “beber” era cuestión de los adultos. Los años juveniles eran un más o menos estricto noviciado con gran dosis de “secretismo”. Ni más ni menos que los primeros escarceos con el tabaco, con el sexo… A los adolescentes sólo les quedaba el “misterio” o el “rascar” las migajas de todo ello. Su mundo estaba más próximo a la niñez que a la juventud. Sus fiestas no pasaban del comprar cuatro chucherías o permanecer jugando en la plaza pública.
5) En nuestros días, se han disuelto, como un azucarillo, todas las líneas. El “Yo ¿por qué no?”; el “con mi cuerpo hago lo que quiero”, etc… aparecen como el argumentario más profundo desde la más temprana infancia. Y, junto con la mirada temerosa (cuando no aquiescente) de los mayores, pululan por nuestras calles (o se refugian en cualquier espacio más privado) cientos de adolescentes con comportamientos juveniles o cientos de jóvenes comportándose como adultos. A simple vista un mundo igualitario donde se mezclan unos con otros. ¡Eso sí, lejos de la presencia familiar y con la mirada farisaicamente puesta en el lado opuesto!… “Mis padres no lo saben” (afirman unos); “mis hijos no son como esos” (afirman los otros”). Todos sabemos que mienten.
6) Salir de esta situación requiere, por supuesto, medidas formativas y judiciales (a partes iguales). Y no sólo para reducir los peligros que su consumo supone para la salud (al parecer la única preocupación) sino para hacer de cada persona un ser conscientemente libre. Y aquí, a mi modo de ver, está el fondo de la cuestión. Afirma la sra. Ministra que su única preocupación es reducir los “atracones” de alcohol y, para ello, se mostrarán las consecuencias que se derivan de ello. Bien me temo que estas consecuencias serán todas relacionadas con el deterioro físico. Las consecuencias morales o éticas quedarán como algo retrógrado. A fin de cuentas la principal preocupación de un político es aumentar el rebaño de afiliados o votantes. ¿Es posible hacerlo sin sustancias adormilantes?….
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