LA Iglesia católica aumenta por segundo año consecutivo los fondos que recibe de los contribuyentes a través del IRPF. En el pasado ejercicio, la cantidad ascendió a 252 millones de euros, 11 millones más que en 2008. Se trata de un dato especialmente significativo porque la crisis económica ha producido una sensible caída de la recaudación en este impuesto personal y directo. Además, el número de declaraciones que ejercen la opción de marcar una «x» en la casilla correspondiente creció también en más de 237.000. Una vez más, queda claro el fortísimo arraigo de la Iglesia en la sociedad española. No es difícil aventurar que este aumento tan relevante es una respuesta al acoso de determinados poderes públicos hacia las creencias muy mayoritarias entre los ciudadanos. En pleno debate parlamentario sobre la ley del Aborto y con guiños permanentes del PSOE hacia el laicismo radical, muchos contribuyentes se sienten impulsados a reforzar su apoyo a la Iglesia, víctima de maniobras partidistas que merecen un rechazo contundente.
Hay también otro factor determinante. En tiempo de crisis económica, la sociedad reconoce la labor de la Iglesia al servicio de fines de interés social. A través de Cáritas y de otras muchas entidades se desarrolla una labor callada y eficaz que suple con frecuencia las carencias de las prestaciones públicas, sin preguntar a nadie por los «papeles» o por los requisitos burocráticos. Muchos inmigrantes, indigentes o familias que sufren el drama del paro saben que pueden acudir a las parroquias o a los grupos que realizan una meritoria labor en nombre de la caridad cristiana. La Iglesia administra con autoridad los fondos que recibe, considerando que la asignación tributaria apenas cubre el 25 por ciento de su presupuesto y que mantiene la actividad de 23.000 parroquias y cerca de 20.000 sacerdotes. Sin embargo, los promotores de la campaña laicista prefieren no enterarse de esta labor social inspirada por los principios cristianos que desmienten sus prejuicios ideológicos. Lejos de cualquier sectarismo, los ciudadanos reconocen y apoyan estas tareas eclesiásticas como demuestran un año tras otro los datos del IRPF.
NOTAS de MITXEL
1) Quiero suponer que todos aquellos que fomentaron campañas antieclesiales sobre el tema basadas en la infamia, estarán un tanto corridos y con el rabo entre las piernas. Mi respeto total para quienes, de manera coherente con sus opciones, marcan el destino de su IRPF en otras direcciones. Entiendo que la libertad responsable debe prevalecer sobre otras cuestiones. Mi agradecimiento no sólo para los 237.000 nuevos asignadores sino para el resto de contribuyentes que confían sus aportaciones a la Iglesia Católica.
2) Sin duda que en la Iglesia hay sinvergüenzas. Por el simple hecho de la estadística, aunque no me consta ningún nombre, alguno de dichos dineros no irá a parar a los fines deseados por el donante. ¡Esos casos, cuando se sepan o descubran, son los denunciables! En tanto, no tengo ninguna duda, de que los fondos producirán abundantes beneficios para paliar múltiples necesidades sociales a las que el Estado, por mucho que se le llene la boca estadística, no llega o no quiere llegar. No hay día que no leamos en la prensa la concesión oficial de ingentes partidas dinerarias destinadas a causas que sólo en una sociedad que ha perdido el rumbo son creíbles.
3) Conozco directamente la acción de dos organizaciones católicas dedicadas a la acción social directa. En concreto, Cáritas y la Sociedad San Vicente de Paúl. Les puedo decir que, ahora mismo, están saturadas. Auténticos malabarismos para poder atender una gota de necesidad. Dos gotas que, junto con otras muchas, constituyen un torrente de solidaridad que sólo es posible con dos elementos: los brazos voluntarios de los asociados y las aportaciones de millones de personas que aportan sus monedas.
4) Triste o penoso o evangélico es el silencio que, ante estos hechos, mantienen los líderes políticos o religiosos no católicos (amén de mis amigos de Redes Cristianas) especialmente de aquellos que, un día tras otro, manifiestan su enemiga hacia la Iglesia Católica en cualquier circunstancia que se tercie. Una mente sana debe estar a las duras y a las maduras. En otras palabras, mirar la realidad sin orejeras especialmente cuando se trata de solidaridad con los más necesitados.
5) Termino incluyendo el último de los párrafos del texto: “La Iglesia administra con autoridad los fondos que recibe, considerando que la asignación tributaria apenas cubre el 25 por ciento de su presupuesto y que mantiene la actividad de 23.000 parroquias y cerca de 20.000 sacerdotes. Sin embargo, los promotores de la campaña laicista prefieren no enterarse de esta labor social inspirada por los principios cristianos que desmienten sus prejuicios ideológicos. Lejos de cualquier sectarismo, los ciudadanos reconocen y apoyan estas tareas eclesiásticas como demuestran un año tras otro los datos del IRPF”. ¡Estamos de enhorabuena! o, mejor, ¡están de enhorabuena aquellos que verán de alguna manera paliada su difícil situación personal!….
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