Génesis, capítulos 29 al 41
“Cuando José fue llevado a Egipto, Putifar -un egipcio que era funcionario del Faraón, capitán de guardias- lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allí.
Pero como el Señor estaba con José, la suerte lo favoreció, y quedó en la casa de su patrón, el egipcio, que lo miró con buenos ojos y lo nombró su mayordomo, poniéndolo al frente de su casa y confiándole la administración de todos sus bienes.
Dos años después, el Faraón tuvo un sueño: él estaba de pie junto al Nilo, cuando de pronto subieron del río siete vacas hermosas y robustas, que se pusieron a pastar entre los juncos.
Detrás de ella subieron otras siete vacas feas y escuálidas, que se pararon al lado de las primeras; y las vacas feas y escuálidas se comieron a las siete vacas hermosas y robustas. En seguida el Faraón se despertó. Luego volvió a dormirse y tuvo otro sueño: siete espigas grandes y lozanas salían de un mismo tallo. Pero inmediatamente después brotaron otras siete espigas, delgadas y quemadas por el viento del este; y las espigas delgadas devoraron a las siete espigas grandes y cargadas de granos. Cuando se despertó, el Faraón se dio cuenta de que había estado soñando.
A la mañana siguiente, el Faraón se sintió muy preocupado y mandó llamar a todos los magos y sabios de Egipto, para contarles sus sueños. Pero nadie se los pudo interpretar.
El Faraón dijo a José: “He tenido un sueño que nadie puede interpretar. Pero me han informado que te basta oír un sueño para interpretarlo”.
José respondió al Faraón: “No soy yo, sino Dios, el que dará al Faraón la respuesta conveniente. El Faraón ha soñado una sola cosa, y así Dios le ha anunciado lo que está a punto de realizar. Las siete vacas hermosas y las siete espigas lozanas representan siete años. Los dos sueños se tratan de lo mismo. Y las siete vacas escuálidas y feas que subieron después de ellas son siete años, lo mismo que las siete espigas sin grano y quemadas por el viento del este. Estos serán siete años de hambre. El hecho de que el Faraón haya tenido dos veces el mismo sueño, significa que este asunto ya está resuelto de parte de Dios y que él lo va a ejecutar de inmediato. Por eso, es necesario que el Faraón busque un hombre prudente y sabio, y lo ponga al frente de todo Egipto. Además, el Faraón deberá establecer inspectores en todo el país y exigir a los egipcios la quinta parte de las cosechas durante los siete años de abundancia. Ellos reunirán los víveres que se cosechen en estos próximos siete años de prosperidad, y almacenarán el grano bajo la supervisión del Faraón, para tenerlo guardado en las ciudades”.
La respuesta agradó al Faraón y a todos sus servidores.
Y dirigiéndose a José, le expresó: “Ya que Dios te ha hecho conocer todas estas cosas, no hay nadie que sea tan prudente y sabio como tú. Por eso tú estarás al frente de mi palacio, y todo mi pueblo tendrá que acatar tus órdenes. Sólo por el trono real seré superior a ti”.
Durante los siete años de abundancia, la tierra produjo copiosamente, y él reunió todos los víveres recogidos en esos siete años y los almacenó en las ciudades, depositando en cada una las cosechas de los campos vecinos. De esa manera, José acumuló una enorme cantidad de cereales, tanto como la arena del mar, hasta tal punto que dejó de llevar un control, porque superaba toda medida”.
NOTAS de MITXEL
1) Segunda parte de la “novelita” josefina que hemos reducido a límites imprescindibles eliminando dos escenas intermedias muy bonitas para la lectura. Hacen referencia a las “provocaciones” de la esposa de Putifar y su posterior encarcelamiento al no ceder a los requiebros de la “dueña”. Es aquí donde José se revela como un magnífico adivino para con sus “colegas de apartamento carcelario”: el copero y el panadero del Faraón, caídos en desgracia. Escenas cuya intencionalidad no es otra que servir de enlace entre un José recién llegado y su toma de contacto con el mismísimo Faraón de Egipto.
2) Cualquiera puede suponer que la capacidad adivinatoria del esclavo José no es motivo suficiente para llegar a la cercanía del Faraón. La historia sólo adquiere significado en el contexto del plan de Yahvé para con sus elegidos. Razón tiene José cuando exclama “No soy yo, sino Dios, el que dará al Faraón la respuesta conveniente”. Esto nos hace suponer que “José o quien fuere”, no fue otra persona que un excelente administrador dotado de una gran honradez y de una gran capacidad de previsión. En un mundo, como el egipcio, en el que la corrupción y la confianza en la adivinación eran monedas corrientes, nada tiene de extraño la popularidad de José y el que el propio Faraón le responsabilizará de ciertas áreas financieras..
3) Las veleidades económicas de Egipto son suficientemente conocidas. La dependencia vital de las crecidas o decrecidas del Nilo traían la prosperidad o el desastre a todo el Imperio según éstas fuesen más o menos continuadas. Para una economía agraria y ganadera el asunto se transformaba en años de abundancia o en años de hambre sistemáticamente. Lo más normal, no obstante, sería la pura subsistencia para la inmensa mayoría del pueblo. Sólo se salvaría la casa del Faraón, su Administración y la casta sacerdotal. Entrar en estos círculos no sería, en cualquier caso, nada sencillo.
4) Tenemos, por tanto, una situación que no era, ni mucho menos extraordinaria. Si ha pasado a la Historia no es por otro motivo que estar inserta en la Historia de la Salvación de Israel porque el verdadero protagonista de la “novelita” no es José sino el mismo Dios que guía sus pasos. Si quitamos este “hilo”, la historia se queda en una estupenda leyenda de ficción que se cae por su propio peso. Eso sí…¡merece la pena dedicarle un tiempo!…. Tanto entonces, como ahora, José es un símbolo del crecimiento personal y del ascenso social basados en los propios méritos y una conducta intachable. ¡Igual que nuestros políticos!
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